lunes, 4 de mayo de 2015

Conejo Blanco

-Tarde, tarde, ¡Llego tarde!- murmura Jade, mientras corre. Se ha quedado dormido. Dobla esquinas sin mirar, chocando con todo el mundo y gritando disculpas sin volverse, porque llega tarde.

Cuando al fin llega a la puerta del edificio y mira por enésima vez el reloj, son veinte minutos. Veinte minutos tarde.

-¡Llego tarde, llego tarde!- exclama mientras sube las escaleras a saltos, de dos en dos. Cuando llega a su destino ha esquivado a media oficina y ha estado a punto de derramarse el café de alguien sobre la camisa.

-Llegas tarde- Son las palabras con las que le saluda su jefe tras abrirle la puerta en las narices y dejarle con el puño suspendido en el aire, a punto de llamar. Jade se escurre por la madriguera, el pasillo que lleva al sótano, tras recibir una de las sonrisas de mil dientes de Hyuk, que acaba de aparecer, como de costumbre, de la nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario