- Me casaría contigo –
Me lo dijo un día mientras me
observaba hacer olitas en la bañera, apoyado en el borde del lavabo. Me sentí
halagado. Tanto que me enjuagué el bigote y la barba espumosas que me había
hecho para contestarle que sí, posiblemente yo también me casaría con él. No
fue ni una proposición ni un momento muy memorable. Simplemente puso en
palabras algo que los dos ya sabíamos. Y después procedió a ayudarme a
enjuagarme el pelo. El – si no fuéramos dos hombres con un interés puramente
platónico el uno en el otro – se quedó flotando entre el vapor del baño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario