domingo, 3 de mayo de 2015

Tiempo III: Niebla

Dos semanas más tarde, cuando vuelve a casa, hay un conocido en su puerta. Un conocido alto, que le mira sin expresión con un cigarrillo entre los labios.

El tiempo le saluda haciendo anillos de humo. Sam le mira, indeciso. Uno nunca sabe, con el tiempo. Al final es su vecina, la duda, la que resuelve el problema. Al pasar camino al ascensor le pega un empujón al tiempo, y a Sam no le queda más remedio que apartarse, para evitar un accidente. Esta vez, el tiempo entra en su casa tropezándose con el felpudo.

Kiba agita el rabo a modo de saludo.

El tiempo se sienta y simplemente espera a que Sam haga sus cosas, llenando poco a poco la habitación de niebla. Es la tarde la que abre la ventana, al pasar y verlos, para evitar que Sam se asfixie. Cuando cruza las piernas enfrente del tiempo, la niebla también se ha ido, para darle una vuelta a Kiba. En su salón sólo queda un conocido de mirada inexpresiva, cigarrillo ya olvidado.

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